|
Catecismos a nueve mil colones
Hace algunos años se escaseó internacionalmente el papel y subió muchísimo de precio. Los libros, en consecuencia, subieron sus costos y los precios se dispararon en todo el mundo. El trauma producido por ese hecho se manifiesta aun hoy en cada reclamo por los precios de los libros. Ese trauma, también, se ha convertido en el peor agente anti-mercadeo del libro.
Dicen los economistas que la fijación del precio de un producto responde a la aceptación final del mismo en el mercado (aquello del juego entre oferta y demanda). Es decir, se trata de un fenómeno totalmente convencional y en última instancia subjetivo. En ese sentido, la pregunta pareciera que no es (cuánto vale un libro?, sino) cuánto estamos dispuestos a pagar por él?
Catecismos a 9000 colones
Arnaldo Moya afirma en su libro "Comerciantes y damas principales de Cartago: vida cotidiana (1750-1820)" (Editorial Cultural Cartaginesa, 1998), "que el libro como bien importado y caro fungió como tesoro..." en aquellos años. El autor nos informa que "en el inventario de bienes de Doña Ana Rita Gómez de Lara, practicado en marzo de 1813, se apuntaron 'quarenta y nueve libros, unos con otros a tres pesos' " (p.134). De este inventario le llama la atención a Moya "que por su cantidad la biblioteca es más bien excepcional", pues apenas unos párrafos atrás (p.133) nos había contado "que durante el período comprendido entre 1800 y 1820, 20 vecinos de Cartago poseían (...) un promedio de casi seis libros por familia".
Cuarenta y nueve libros o, en el peor de los casos, seis títulos, hoy es una cantidad fácilmente superada en cualquier hogar costarricense. Ese dato, por sí solo, hace patente una mucho mayor facilidad para adquirir libros en la actualidad. Pero para hacernos una idea de su precio, crucemos la información de Moya con la que nos ofrece Iván Molina, también historiador. En su libro "El que quiera divertirse: libros y sociedad en Costa Rica (1750-1914)", coeditado por las editoriales de las universidades Nacional y de Costa Rica, Molina afirma que "en 1821, el jornal de un peón ascendía de 3 a 5 pesos al mes" (p.24). Es decir, con ocho años de distancia, el precio promedio de cada uno de los libros de doña Ana Rita era similar al salario de un peón durante un mes.
Claro que no todos los libros eran tan caros. El dato completo de Molina dice que "...la cotización de catecismos y cartillas oscilaba entre 0,2 y 0,4 reales" y agrega que "el valor de los textos era usualmente superior a un peso".
Comparativamente, los datos anteriores equivalen a que hoy, por un catecismo que vale apenas entre 85 y 135 colones, tuviéramos que pagar nueve mil colones, tomando en cuenta que el salario mínimo actual de un trabajador no calificado asciende a 2113 colones diarios.
Claro que los datos históricos pueden resultarnos sospechosos, porque las variables económicas, sociales y culturales podrían alterar la percepción que tengamos de aquellos. Por eso revisemos algunos datos de nuestra vida cotidiana ... y comparemos.
Precios y precios
En estos tiempos de las comidas rápidas, las pizzas, hamburguesas y hasta mariscos express, casi ninguno de los habitantes de San José o cualquier cabecera de cantón, nos hemos escapado de la pereza sabatina por cocinar. Y bien apoltronados frente al televisor, leyendo un buen libro, lavando el carro o haciendo un poco de jardín, preferimos llamar a cualquiera de aquellos servicios a domicilio para salvarnos de elaborar un menú casero.
El placer de pedir una o dos pizzas con sus respectivos refrescos, nos cuesta cerca de 5 mil colones. Es natural que luego disfrutemos grandemente esos 20 minutos con los güilas, haciendo los honores a la torta italiana. Y no es para menos, pues el gasto apenas equivale a la compra de "Los cuentos de mi Tía Panchita" (4875,00) para el menor de la casa, "En una silla de ruedas" (4750,00) para el adolescente Bambos escritos por Carmen Lyra y publicados por Uruk Editores, S.A., además del libro citado de Arnaldo Moya (42000,00) para el padre y "Eva Luna" de Isabel Allende, en pasta dura (Editorial Oveja Negra) y con un precio de (42250,00), para la madre.
Y hablando de disfrutes, el 24 de marzo anterior jugaban en el Estadio Nacional la selección de fútbol costarricense contra la guatemalteca. Como suponía que no se llenaría el estadio, invité a mis dos hijos. Hace mucho no íbamos a gradería de sol y el chiquitillo nunca lo había hecho. Así que nos fuimos a esa gradería, que obviamente es más barata. Pagué dos entradas de 1250 colones cada una (el menor entró gratis) y entre los tres nos gastamos 4 bebidas, una porción de pollo y 2 bolsitas con frituras de queso, por un valor de 2200 colones. En total gasté 4700 colones. A pesar de los gastos y de la poco convincente victoria costarricense, no me arrepentí. Disfrutamos de verdad escuchando las ocurrencias de la canalla, como le dicen, cuando le solicitaban a Maturana que alineara a "Los Cebollitas" en lugar de los titulares consagrados. El chiquitillo estaba maravillado de aquel espíritu bullanguero y festivo, mientras el mayor y yo nos las dimos de entendidos en fútbol, analizando los poderíos de media cancha, las descolgadas por las puntas y las recuperaciones de las segundas bolas. De verdad que lo disfrutamos. Y lo mejor de todo es que resultó tan barato como si hubiera comprado los libros "Pantalones Cortos" (4975,00) y "Verano de colores" (4975,00), ambos de la escritora Lara Ríos, más "Escuela de Hechicería" (4975,00) de Carlos Rubio, todos ellos publicados por Farben-Norma. Y aún me habría sobrado dinero para llevarle a mi esposa el libro de Hermann Hesse, "Tres momentos de una vida" (41475,00), publicado por la editorial Seix-Barral.
(Impresionante!, )verdad? Tantos exquisitos placeres en la vida y tan sabrosos y baratos como los libros ...
|